Andrew Johnston gana el Open de España

Sergio García, sobresaliente en la jornada final, acabó tercero para convertirse en el mejor español del torneo.

Andrew Johnston ha ganado el Open de España más teatral, dramático y tenso que se recuerda en muchos años, una pieza maestra desarrollada en un escenario grandioso, el Real Club Valderrama, protagonista asimismo principal de un torneo cuyo desarrollo y desenlace mucho tiene que ver con la idiosincrasia que emana de sus desafiantes calles y greenes.

El golfista inglés acumuló los méritos necesarios después de cuatro jornadas donde el drama fue experiencia obligada para todos los participantes, incluido ese nutridísimo grupo –una docena al menos– que en la ronda final, separados por menos de un suspiro, tuvo opciones reales de conseguir el título en juego.

Andrew Johnson era ajeno de las casas de apuestas cuatro días antes. Integrante de la base de la pirámide del golf profesional, esa que se abre poco a poco camino mediante infinito esfuerzo, ofrecía como mejor bagaje dos triunfos en el Circuito Challenge en 2014, escaso potencial para que nadie, en la práctica, repararse en él si no fuera por la celebración de su hoyo en 1 en el BMW PGA Championship 2015, al más puro estilo torero Miguel Ángel Jiménez, o por su peculiar barba y estilo, la viva imagen de un ‘hipster’ del golf.

No obstante, el inglés reventó el poder establecido a base de infinita paciencia. Un buen amago de sus intenciones ganadoras –sesenta y siete golpes en la primera jornada– y dos rondas posteriores de 74 le incluían dentro de ese totum revolutum en el que se convirtió la parte alta de la tabla a falta de 18 hoyos para la conclusión del torneo.

Inmerso en el creciente drama que pronto se desarrolló en la recta final de este Open de España, Andrew Johnston se aferró a la sobriedad para amenazar el orgullo de las estrellas rutilantes que compartían su esfuerzo. Bogey nada más empezar, Andrew Johnston puso su tarjeta en positivo con dos birdies consecutivos –hoyos 7 y 8– antes de equilibrarla con un error en el 14 y, ya decisivo, volverla de color rojo con un oportunísimo birdie en el 16.

Su propuesta, en apariencia modesta, resultó sin embargo demoledora, y es que ganar este Open de España resultó un ejercicio de talentosa paciencia. Amarrar el resultado, aunque fuese sobre par –más 1 para conseguir el triunfo, evidencia palmaria de las dificultades sufridas por todos–, constituía un auténtico éxito allá donde, en otras sedes, el registro final se hubiese convertido en fracaso.

Andrew Johnston se acogió al sufrimiento, la vía experimentada por todos y cada uno de los candidatos al título, muchos de los cuales veían como, al igual que la fruta madura, significativos rivales tropezaban víctimas de sus inevitables errores.

Nadie se salvó de la quema. Muy al contrario, el tramo final del torneo se convirtió desde el minuto uno en territorio propicio para aquellos que ya saben, por decenas de experiencias pasadas, lo que es moverse en el filo de la navaja antes de adecentar su palmarés con títulos brillantes.

Martin Kaymer, Joost Luiten, James Morrison –ganador del Open de España 2015–, Soren Kjeldsen o Ross Fisher comenzaron a apelotonarse en la parte más alta de la tabla conforme transcurría la jornada, pero todos ellos, de una forma u otra, se descolgaron victimas de fallos que dictaron inapelables sentencias.

A esos nombres ilustres a se sumaron, faltaría más, españoles de la categoría de Sergio García y Pablo Larrazábal –antes de que el drama se apoderara igualmente del catalán en los hoyos 16 y 17, enmarañado por 3 y 5 sobre par, lugar donde tantos otros se dejaron el torneo–, toda vez que el joven Pep Anglés, gran sorpresa durante tres rondas, resbalaba clasificación abajo como consecuencia de una segunda vuelta asimismo con muchas más tinieblas que claros.

Dadas las circunstancias, fue Sergio García el que alimentó a base de aciertos las esperanzas españolas. El castellonense, sublime por momentos, ofreció gran parte de su mejor repertorio golfístico para arañar con paciencia franciscana la desventaja acumulada en anteriores jornadas.

Empujado por sus fervientes seguidores –entre los que se encontraba el futbolista Gareth Bale–, Sergio García respondió a su aliento de apoyo con una de sus mejores versiones, una primera vuelta perfecta, salpicada por tres birdies, y un inicio esperanzador –birdie en el 12– antes de alcanzar al ogro de todos los ogros, la recta final de un Real Club Valderrama inmisericorde.

El castellonense pinchó en el 15, lo arregló en el 16 y 17 pero volvió a caer en el 18, punto y final a una remontada premiada con una buena tercera plaza, el inapelable sello de Valderrama en un Open de España donde un jugador modesto se atrevió a reventar –¡y con qué éxito! – el poder establecido. Su nombre, ya inscrito en la copa de la peana centenaria, Andrew Johnston, el nuevo ‘hispter’ del golf.

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