Flamingos Acoge el II Torneo de Golf Fundación Xingú para el Amazonas

Amazonas GolfSe recaudaron unos 22.000 euros para el hospital y la futura escuela en la Altamira brasileña
La segunda cita golfística solidaria con su proyecto amazónico, que ya cumple ocho años, del Centro de Investigaciones Científicas de Marbella, en la que se recaudan fondos para el mantenimiento de un hospital y la próxima puesta en marcha de una escuela en una depauperada zona amazónica satisfizo tanto a participantes (duplicaron su número), como a organizadores y los numerosos patrocinadores que colaboraron. Entre los más destacados Flamingos Golf, que donó para esta edición de la competición su recorrido estrella, el de campeonato, el Gran Flamingos. Se repartieron premios y se sortearon regalos por valor de unos 250.000 euros. La recaudación, aún por cerrar, superará los 22.000 euros y permitirá todo un año de funcionamiento de este reto solidario del grupo expedicionario marbellí.


El primer clasificado en la primera categoría de caballeros fue Carlos Neville, con 38 puntos; seguido de Luis Ortiz, con los mismos puntos, y de Nicolai Rojj (también ganador scratch), tercero con 36 puntos. En la segunda categoría de hombres se impuso A. Arranz de Villapadierna, con 44,  precisamente hijo del consejero delegado del complejo Flamingos y el Hotel Villa Padierna, Ricardo Arranz, que asistió a la entrega y recibió un espléndido trofeo en reconocimiento por su colaboración por parte de CIC.
 Los premios a su vástago los entregó Francesco de Perlac, presidente de honor de la compañía, que tuvo trabajo extra porque su mujer, Cristina Figueroa, fue quien venció en damas, con 35 puntos. En segundo lugar quedó María Teresa Pacheco, con 32,  empatada a puntos con Palmina Martín. La bola más cercana la logró Antonio Domínguez y los drives más largos Miriam Maza y Francisco Gómez Palma.


El reto


Amazonas GolfEl proyecto Pará de la Fundación Xingú se desarrolla en el bajo Amazonas, en el río Xingú, un gran afluente que recorre el estado de Pará, donde sobreviven famélicos, desposeídos y desheredados de la tierra miles de personas que anclaron su miseria en una esquina desbrozada a golpe de machete. Viven en la miseria y mueren de infecciones, disenterías, lepra, parasitosis y septicemias.


Muerte desamparada a golpe de remo porque en caso de necesidad extrema tardan hasta días para alcanzar el maltrecho hospital de una ciudad que, pese a sus dimensiones, no aparece ni en las guías brasileñas. Es la remota Altamira, un municipio con una superficie como la de España y el Benelux juntas, todo selva y arterias de agua por única comunicación.


El Centro de Investigaciones Científicas, germinado en Marbella, llevaba más de una década investigando culturas y gentes remotas en Perú, Ecuador, Colombia, Amazonia, Sahara y hasta los caníbales de Guinea Nueva Papúa. Pero el penúltimo proyecto, Latina 2000, les agarró por las vísceras. Fue tal la indigencia que vió el grupo en la expedición que navegó desde España, y ya en el Amazonas remontó más de 3.500 kilómetros del río en barco, que decidieron actuar. Asistieron, impotentes, a la muerte de varios niños, nada de picaduras de serpiente sino de infecciones que de haber sido tratadas a tiempo con antibióticos hubieran quedado en anécdotas. Algunos fallecieron deshidratados de una vulgar diarrea. El mismo grupo, declinando apoyo oficial alguno, por libre, decidieron luchar contra esta situación.


Preguntaron a la OMS cuál era la zona más necesitada y el mayor índice de mortandad infantil se encontraba justo cerca de la desembocadura del Amazonas, en uno de sus afluentes más caudalosos, el Xingú. Compraron una isla de 200 hectáreas, Cachueira, a unos 40 kilómetros de Altamira. En cuatro años, sólo con aportaciones propias y pergeñadas entre amigos, desembolsaron 30 millones de pesetas para el hospital, ecológico, de la isla. Ya va para una década y el proyecto, fundación de por medio, sigue boyante, creciendo y demandando apoyos. Se han invertido unos 60 millones de pesetas. Los indígenas viven en chozas y hay unos 3.000 esparcidos en 12 tribus y en 16 aldeas. A ríos luz una de otra. En abandono total, beben agua contaminada, mueren de malaria, que es lo más común, y de parasitosis o desnutrición. No tienen ni dinero ni medicamentos.


La mortandad infantil se ha reducido en un 30 por ciento gracias a su hospital. Ahora van por la escuela y un barco UCI móvil. Objetivo para este año.


Cocinan en hogares labrados en piedra, neolíticos, y muchos provienen de generaciones de garimpeiros y recolectores de caucho que sortearon la esclavitud. Otros han huido de las ciudades donde no tenían ni para comer. La tarea ha sido ímproba pero el hospital está en pie y los integrantes del proyecto Xingú se han ganado el respeto de los lugareños.


Banderas a media asta


Un ejemplo emocionante: tras la masacre del 11 de marzo en Madrid las banderas del Ayuntamiento de Altamira, y hasta las del hotel donde necesariamente hay que hacer escala antes de adentrarse en la selva, estuvieron a media asta. En solidaridad con el dolor hispano. El gesto sobrecogió a los integrantes del ‘Proyecto Pará’.


Lo que empezó modestamente como un dispensario se convirtió en todo un reto solidario. Los ribereños denominan al hospitalito «La puerta del cielo» y la «isla de los españoles». Tienen aseguradas todo el año asistencia y medicinas, las que necesitan de veras, a veces tan simples como unos antibióticos o tan complejas como un antídoto contra la mordedura del ‘surucucu’, la mayor y más mortífera de las víboras sudamericanas. Además, los médicos, enfermeras y voluntarios del grupo, que se costean todos sus gastos cuando van a la isla (todo el dinero que se cosecha, limpio de polvo y paja va para la iniciativa), se desviven por llegar a los rincones más inextricables de la selva.


Atienden actualmente a unas 4.000 personas desperdigadas entre la fronda amazónica. Pero no se limitan a esa labor, ya de por sí esforzada. Donan medicamentos y material tanto al hospital de Altamira como al centro Divina Providencia, una especie de paritorio para acoger a madres indígenas sin recursos, y a la cárcel. Han financiado una veintena de operaciones quirúrgicas a niños con labio leporino.


Colaboradores


Proyectos no faltan, sólo dinero para estos quijotes que perdieron su inocencia aventurera en este rincón del Amazonas. Hay más ideas, como, dado que se malnutren de la pesca fluvial, repoblar el río con tucunarés o piracucús, sabrosos y fuente de proteínas. Ya ingenieros agrónomos ofrezcieron enseñanza para mejorar la siembra y cultivo para que los ribereños pasaran de la subsistencia al trueque. Se ha iniciado pero hace falta empujar más. Otro sueño pendiente es un ultraligero que «por rapidez, salvaría muchas vidas y, además, ahorraríamos combustible», según Pepe Ogalla, presidente del CIC. Hay veces que 100 kilómetros de río, a contracorriente, exigen siete horas de travesía a pantocazos.


El viento no ayudó al escenario ajardinado previsto para el cóctel de entrega de premios pero no resaltó el afán y el arte de Carmen Conde, campeona mundial de decoración floral, que aderezó el escenario. Casi un centenar de personas disfrutaron del juego, donde todos los hoyos estaban patrocinados por La Cañada, Acosol, el Ayuntamiento de Benahavis, Golf 56 o Casino Marbella, entre otros, y del sorteo, que dirigió con maestría (además donando material de Puma) Fernando Ramos, fue amplísimo. Por citar sólo algunos de los más notorios, hasta una máquina cortacésped profesional de John Deere; seis chequeos médicos del USP Hospital de Marbella; estancias de fines de semana para dos personas en hoteles de lujo como Don Pepe, Puente Romano, Marbella Club y la Taberna del Alabardero, cenas, relojes y trofeos donados por joyerías, polos y gorras para todos los participantes de Franjus Seguridad, un telescopio de Foto Jaén y la gran colaboración tanto de Guadalmina Licores, dirigida por Paco Banderas, que donó vinos y hasta jeroboams de Lealtanza y de champagne Laurent Perrier, además del  el surtido ibérico de bellota (jamón incluido) de Exclusivas Soto. Todos hiceron posible que el torneo Fundación Xingú, un año más, que se consolide como unos de los más granados de España.


Fuente: María Acacia López-Bachiller y Miguel Nieto

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